y la exclusión social.
Navega Mar Adentro
Es la hora de una nueva imaginación de la justicia y la caridad
Comisión Episcopal para la actualización de las Líneas Pastorales para la Nueva Evangelización Mayo de 2003
Critica al neo-liberalismo
34. Ante la grave situación actual, permanece el desafío de una justicia demasiado largamente esperada, y se hace necesario volver a reafirmar la opción preferencial por los pobres, débiles y sufrientes. La crisis económico-social y el consiguiente aumento de la pobreza tienen sus causas en políticas inspiradas en formas de neoliberalismo que consideran las ganancias y las leyes del mercado como parámetros absolutos en detrimento de la dignidad y del respeto de las personas y de los pueblos. En este contexto, reiteramos la convicción de que la pérdida del sentido de justicia y la falta de respeto hacia los demás se han agudizado y nos han llevado a una enorme situación de inequidad.
35. Un silencioso y justo reclamo se alza de millones de personas en situación de miseria: hombres y mujeres sin trabajo, niños y familias enteras en la calle, mujeres abandonadas y explotadas, ancianos olvidados y sin protección social. Hoy nos parece normal ver a hermanos nuestros buscando comida entre los residuos. Hemos visto crecer un amargo sentimiento de desamparo y el pueblo sencillo ha quedado abandonado a su suerte. Mientras la desocupación no se revierta la pobreza seguirá creciendo y se profundizarán todavía más sus consecuencias trágicas: el colapso en los sistemas de seguridad, salud, educación y previsión social.
36. Se ha hecho presente en nuestra Patria la destructiva gravedad de los pecados sociales que claman al cielo: una corrupción que parece persistir por la impunidad, el descaro de quienes transfieren sus capitales al exterior sin ninguna regulación del Estado, el quiebre del sistema jurídico unido a la inobservancia de las leyes, la inseguridad y el aumento de la brecha que se abre entre unos pocos privilegiados con grandes posibilidades y la marginación de multitudes excluidas hasta de los mínimos recursos para llevar una vida digna. Lo que antes fue pobreza ahora es miseria.
37. En la hora presente particular responsabilidad les toca a quienes detentan una dirigencia política, económica, sindical, cultural y religiosa. Es cierto que a veces falta laboriosidad, honestidad y empeño en distintos niveles de la población. Pero más preocupa que, ante la crisis que afecta a millones de argentinos, haya personas y sectores que prosigan compitiendo por espacios de poder y privilegios. Por otro lado, es evidente la insolidaridad de algunos grupos que reivindican derechos en detrimento de otros. Esta actitud inescrupulosa en una búsqueda desenfrenada de beneficios particulares o corporativos, que multiplica el número de los pobres y excluidos, muestra los peores vicios que anidan en nuestro sistema democrático.
38. En un país constituido mayoritariamente por bautizados, resulta escandaloso el desconocimiento y, por lo mismo, la falta de vigencia de la Doctrina Social de la Iglesia. Esta ignorancia e indiferencia permiten que no pocos hayan disociado la fe del modo de conducirse cristianamente frente a los bienes materiales y a los contratos sociales de justicia y solidaridad. La labor educativa de la Iglesia no pudo hacer surgir una Patria más justa, porque no ha logrado que los valores evangélicos se encarnen en compromisos cotidianos.
39. No obstante, en el seno de la comunidad cristiana siempre surgen talentos creativos que avivan el fuego de una nueva imaginación de la caridad. Efectivamente, surgen de modo espontáneo, particularmente desde los sectores más pobres, muchas expresiones de solidaridad con raíces humanitarias y evangélicas, las que con un voluntariado audaz y sacrificado van extendiendo redes solidarias, verdaderos puentes de ayuda y cercanía entre los que pueden y se conmueven, y los que necesitan y agradecen. Al mismo tiempo, han surgido asociaciones organizadas u ocasionales de distinto tipo, en las que los ciudadanos reclaman sus justos derechos. Frente a la inestabilidad e incertidumbre social, tales expresiones son una fuente generadora y reparadora de vínculos sociales, de contención y de esperanza de justicia.


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